Los pediatras lo llaman «mil días dorados». Es el tiempo que transcurre desde que concibe un bebé hasta sus dos años. Todo lo que sucede en esa etapa es crucial para el futuro de la criatura. Los hábitos del resto de la familia, el comportamiento y las costumbres adquiridas en el hogar inciden en el metabolismo del bebé y marcan su futuro. Por eso, estos meses representan, insisten los expertos, un momento clave para la máxima promoción de conductas saludables.

Este artículo es un marco de tiempo para el desarrollo de un parto sano, según las sociedades y asociaciones pediátricas más importantes. Pero los hitos hay que leerlos con cautela: lo que se describe mes a mes es una referencia, no una biblia. No pasa nada si un niño no camina a la edad de un año o si no habla a la edad de 18 meses; como explican los expertos, cada uno tiene su propio ritmo.

Cambios físicos: del letargo a la carrera

Cambios físicos: del letargo a la carrera

En estos 1.000 días, el cigoto de apenas un milímetro se convierte en un niño de 12 kilos que corre por todas partes, habla con más o menos facilidad, se comunica con el entorno, siente, ríe y sufre. Desde que naces, tu cerebro se convierte en una esponja que absorbe el mundo que te rodea. Aprende a comprender, conectar, caminar, comer, hablar.

Cada quien, eso sí, en su momento. El rango de «normalidad» en el desarrollo es muy amplio y todo niño es santo, insisten los pediatras. Para empezar, no es lo mismo un bebé prematuro que otro nacido a término: los parámetros de medida y el ritmo de crecimiento son distintos.

En el desarrollo del primer año de vida

Sentado sin apoyo en el medio

Desde el segundo año, el desarrollo del lenguaje, los juegos y la socialización se ha vuelto cada vez más pronunciado.

En el desarrollo del primer año de vida destacan 3 hitos motores:

Desde el segundo año, el desarrollo del lenguaje, los juegos y la socialización se ha vuelto cada vez más pronunciado.

En el desarrollo del primer año de vida destacan 3 hitos motores:

Sentado sin apoyo en el medio

A partir del segundo año, se vuelve cada vez más pronunciado.

desarrollo del lenguaje, juego y socialización

En los primeros meses de vida, la estructura más madura es el tronco encefálico, encargado de gestionar las funciones más básicas: la respiración y el funcionamiento del corazón, explica Ana Camacho, presidenta de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica. A medida que maduran otras partes del cerebro, como los hemisferios cerebrales, estas reacciones reflejas dan paso a movimientos voluntarios”.

Este proceso está asociado a una mielinización cerebral progresiva, explica Camacho, neurólogo pediátrico del Hospital Doce de Octubre de Madrid: “La mielina, necesaria para la correcta transmisión de los impulsos nerviosos, está presente en una pequeña proporción al nacer. a las partes superiores del cerebro, y desde la región posterior a la anterior. Este proceso continúa hasta la segunda década de la vida, aunque a los dos años la mielinización ya ha progresado bien”.

Todo pasa por este enigmático órgano que pesa solo 350 gramos al nacer, un año después del nacimiento duplica su peso y después de dos años lo triplica. Miles de nuevas conexiones neuronales están detrás de cada paso adelante en el desarrollo psicomotor, y cuidar un cerebro sano es una obsesión de padres y pediatras.

Cuidado con la fontanela

Cuidado con la fontanela

Al nacer, los huesos del cráneo del bebé no están conectados entre sí: aparece una hendidura en forma de diamante llamada fontanela anterior en la parte superior y frontal de la cabeza, y una hendidura triangular en la parte posterior del cráneo. Está bien tocarlos y es normal que la piel que cubre las fuentes suba y baje cuando el bebé llora o lucha.

A medida que los huesos alrededor de las fontanelas crezcan y se fusionen, todo se encogerá hasta cerrarse. La delantera suele cerrarse entre los nueve y los 18 meses, y la trasera sobre los seis meses.

Las fontanelas son espacios blandos entre las placas óseas presentes durante la formación de la cabeza de un bebé.

Cierran entre los 9 y los 18 meses.

Durante el parto, la cabeza del bebé se deforma para pasar por el estrecho canal del útero. Los huesos todavía están blandos y volverán a su forma normal en unas pocas semanas.

Las fontanelas son espacios blandos entre las placas óseas presentes durante la formación de la cabeza de un bebé.

Cierran entre los 9 y los 18 meses.

Durante el parto, la cabeza del bebé se deforma para pasar por el estrecho canal del útero. Los huesos todavía están blandos y volverán a su forma normal en unas pocas semanas.

Las fontanelas son espacios blandos entre las placas óseas presentes durante la formación de la cabeza de un bebé.

Cierran entre los 9 y los 18 meses.

Durante el parto, la cabeza del bebé se deforma para pasar por el estrecho canal del útero. Los huesos todavía están blandos y volverán a su forma normal en unas pocas semanas.

¿Dormir boca abajo o boca arriba?

¿Dormir boca abajo o boca arriba?

Los padres de hoy recordarán que sus padres, cuando eran bebés, siempre los ponían a dormir boca abajo, sin excepción; ahora, sin embargo, los pediatras recomiendan que sus hijos duerman boca arriba. La evidencia científica ha cambiado, al igual que la recomendación. ¿Por qué? El riesgo de muerte súbita infantil, es decir, la muerte súbita e inesperada de un bebé menor de un año, es clave.

reinhalación de dióxido de carbono

reinhalación de dióxido de carbono

reinhalación de dióxido de carbono

El nacimiento prematuro, vivir en un ambiente de fumadores, dormir boca abajo, tener mucho calor o dormir con los padres en la cama aumenta el riesgo de muerte súbita del lactante, explica Cristóbal Coronel, presidente de la Sociedad Española de Pediatría Ambulatoria Primaria. Las causas de este tipo de muerte aún se desconocen, aunque la comunidad científica apunta a un conjunto de factores genéticos, ambientales y socioculturales en un período particularmente crucial del desarrollo neurológico, cardíaco y respiratorio del bebé.

Hasta finales de los 80 la consigna era dormir boca abajo, pero a partir de 1994 se empezó a advertir del peligro de muerte súbita en esta posición y se recomendó dormir boca arriba. La literatura científica indica que dormir boca abajo aumenta hasta 14 veces el riesgo de muerte súbita del bebé, principalmente por el riesgo de asfixia, pero destacan otras teorías. Por ejemplo, que esta posición implica la privación de oxígeno que conduce a la hipoxia, la reinhalación de dióxido de carbono conduce a la hipercapnia (aumento del dióxido de carbono en la sangre). También puede afectar el flujo cerebral, obstruir las vías respiratorias, provocar cambios en la capacidad cardiovascular o un aumento de la temperatura corporal, entre otras complicaciones.

¿Andador sí o no?

¿Andador sí o no?

Los primeros pasos de un bebé son uno de los grandes puntos de inflexión en el desarrollo de los primeros años de vida. Y aunque hay juguetes que están diseñados para ayudarlos, como los andadores, a los pediatras no les gustan casi todos los dispositivos de asistencia. En primer lugar, la clásica tacataca, ese tipo de silla de ruedas que los niños, sentados en el medio, montan con sus propios pies. Laia Asso, responsable de programas transversales de salud pública en infancia y adolescencia de la Generalitat de Catalunya, reconoce que «no son instrumentos valiosos». “En las escaleras tienen grandes riesgos porque si se caen, por la posición en la que se coloca al niño, la parte superior del torso queda libre y la mayoría de los golpes son en la cabeza”, apunta.

El niño no es consciente de su peso e inercia.

El niño no es consciente de su peso e inercia.

El niño no es consciente de su peso e inercia.

Coronel añade además que hay que modular la altura de la silla precisamente porque hay peligro de «pies torcidos»: «Deben llegar bien con los pies en el suelo para no tener los pies entre paréntesis».

Los pediatras tampoco ven con buenos ojos el andador colgante, donde el niño comienza a caminar colgado en una especie de columpio. Asso justifica que no se fomente el aprendizaje de la marcha: “Un niño empieza a caminar sin ser consciente de su peso e inercia. No le enseñes lo que es el caminar, la vacilación y la inseguridad. El coronel está de acuerdo: «Genera malas posturas y el niño ha transferido toda la responsabilidad y no desarrolla reflejos».

El único andador rescatado es una silla de ruedas que el niño empuja con el volante. «Simplemente vino a nuestro conocimiento entonces. No es tan malo. Lo empujan como otra cosa [una silla, por ejemplo] para ayudarse a sí mismos”, dice el doc.

En los tres primeros meses de vida, el bebé ganará unos 900 gramos y 3,5 centímetros de altura al mes. Luego, de los cuatro a los seis meses, ganarán medio kilo y dos centímetros al mes. Este es el crecimiento promedio, aunque cada niño en la práctica tiene su propio ritmo.

En los primeros días, pequeñas dosis de leche serán suficientes para saciarlo y, a medida que crezca, el lactante irá aumentando su ingesta, sólo de leche, hasta los seis meses.

¿Lactancia materna o leche de fórmula?

¿Lactancia materna o leche de fórmula?

Desde un punto de vista científico, no hay duda: la lactancia materna es la mejor opción para la salud física y emocional del bebé y de la madre, dice Asso. “Además de la prevención del cáncer materno y el regalo metabólico al niño en la prevención del riesgo cardiovascular, hay cosas que van más allá de la nutrición: durante la lactancia hay una liberación de hormonas por parte de la madre, como la oxitocina, que crea vínculos entre madre y bebé». Por eso, además de la función nutritiva, la lactancia materna se utiliza para crear un vínculo entre madre e hijo, para calmarse y tranquilizarse.

Durante la lactancia, la leche materna ajusta de forma natural su composición a las necesidades del crecimiento del bebé.

Inicialmente, es un líquido concentrado lleno de proteínas, nutrientes y glóbulos blancos, que protege contra las infecciones, llamado calostro.

Luego se vuelve más líquido y obtiene más grasa, lactosa y carbohidratos.

Durante la lactancia, la leche materna ajusta de forma natural su composición a las necesidades del crecimiento del bebé.

Inicialmente, es un líquido concentrado lleno de proteínas, nutrientes y glóbulos blancos, que protege contra las infecciones, llamado calostro.

Luego se vuelve más líquido y obtiene más grasa, lactosa y carbohidratos.

Se recomienda lactancia materna exclusiva.

Durante la lactancia, la leche materna ajusta de forma natural su composición a las necesidades del crecimiento del bebé.

Inicialmente, es un líquido concentrado lleno de proteínas, nutrientes y glóbulos blancos, que protege contra las infecciones, llamado calostro.

Luego se vuelve más líquido y obtiene más grasa, lactosa y carbohidratos.

Aso admite que la leche de fórmula ha logrado «muy buena calidad nutricional», pero no puede sustituir a la leche materna, que es «un líquido dinámico que cambia constantemente y se adapta a las necesidades del niño». Por ejemplo, el médico dice: «Ha habido cambios en la temperatura del pezón, por lo que las glándulas sebáceas emiten más olor y el bebé encuentra el seno».

A ese líquido que cambia, la leche materna de las primeras 72 horas se le llama calostro. “Tiene un color amarillento porque tiene carotenoides, precursores de la vitamina A. Y es leche rica en proteína e inmunoglobulina A, para proteger al recién nacido”, dice Asso. Además, esta leche llega en pequeñas cantidades “porque hay que iniciar la coordinación de la succión y la respiración”, añade. En la misma toma, la primera parte de la leche es aguada, para saciar la sed; y en la fase final es más calórico, con más grasa para saturar.

Cómo y por dónde empezar la alimentación complementaria

Los expertos recomiendan que la lactancia materna exclusiva se mantenga hasta los seis meses y que a partir de ahí se inicie la suplementación. En el caso de los niños no amamantados no hay un consenso claro, pero se puede introducir entre el cuarto y el sexto mes.

Ser extremadamente prematuro (hace cuatro meses) puede ser peligroso por el riesgo de asfixia, la sustitución de la leche por otros alimentos menos nutritivos y la desregulación a largo plazo en el sentido del apetito y la saciedad. Asimismo, la Asociación Española de Pediatría (AEP) señala que la introducción de alimentos no debe retrasarse más de 26 semanas por el riesgo de aumento de problemas nutricionales, como deficiencias de hierro y zinc o intolerancia alimentaria.

Los pediatras recomiendan la inclusión paulatina de alimentos y, aunque las guías de la AEP explican desde hace años la ingesta de nuevos productos mes a mes, los pediatras admiten que ahora son mucho más flexibles. Por ejemplo, solían inyectar los productos más alergénicos, como huevos o ciertas frutas, estos últimos, por miedo a que los niños desarrollaran intolerancia. Pero la evidencia científica no lo respalda, admite Asso: «Retrasar los alérgenos alimentarios se hizo con las mejores intenciones, para reducir los riesgos, pero resultó que no tenía mucho sentido».

En lo que coinciden los pediatras es en empezar a suplementar -en los primeros meses, la lactancia materna seguirá siendo el alimento principal- productos ricos en hierro y zinc, como carne, pescado, legumbres. Y adaptarse, en todo caso, a las necesidades del niño, añade Coronel: “No hay que ser categórico, dogmático o talibán. El orden en el que se introducen los alimentos es variable: a los cereales se le puede añadir verduras antes que los cereales, por ejemplo”.

Las únicas pautas que imponen los expertos son evitar los vegetales de hojas verdes (espinacas y acelgas, por ejemplo) hasta por 12 meses y comer frutas enteras (los jugos de frutas no aportan ningún beneficio nutricional). El Ministerio de Salud también ha recomendado evitar pescados grandes, como el pez rey o el atún rojo, hasta por 10 años.

La dentición

Así que lo normal es que a un niño le salga el primer diente a los 5 meses, que a uno que le salga a los 12 meses. En cualquier caso, los odontopediatras recomiendan desde el nacimiento, y aunque el bebé no tenga dientes, limpiar las encías y la lengua con una gasa humedecida después de cada toma.

Tras la aparición de los primeros dientes, la limpieza bucal se puede realizar con dedos de silicona o cepillos pequeños, al menos dos veces al día. Cuando brotan los primeros molares, alrededor del segundo año de vida, los odontopediatras recomiendan empezar a limpiar con hilo dental. Asunción Mendoza, presidenta de la Sociedad Española de Odontopediatría, sugiere dedicar unos minutos a cepillarse los dientes para que sea efectivo, usar una cantidad de pasta dental como granos de arroz hasta por dos años y escupir los restos de pasta dental sin enjuagar.

La caries es la enfermedad infecciosa más frecuente en la infancia y su progresión, debido a las características de la dentición temporal, es muy rápida. Los odontopediatras defienden la lactancia materna como la mejor opción para el desarrollo infantil y, aunque esta dieta no provoca caries, advierten que la lactancia nocturna prolongada (más de un año de vida), con poca higiene después de tomarla, puede provocar caries en los bebés. . Después de que erupcione el primer diente, se debe evitar el biberón nocturno.

Hay otras prácticas, apunta Mendoza, que también pueden suponer un riesgo: si un adulto tiende a sufrir caries, tendrá bacterias cariogénicas transmitidas por la saliva, en movimientos frecuentes como «limpiar el chupete con saliva, probar un biberón». para ver si está caliente». Soplar directamente sobre la comida para enfriarla o besarla en los labios estimulará a las bacterias que causan caries a salir de la boca de un adulto a la de un niño».

¿’Baby-led weaning’ o comida triturada?

En cuanto a la forma de alimentación, hay dos posibilidades: tradicional, dando comida picada, o así llamada. destete bajo la guía del bebé, que consiste en introducir los alimentos de forma dirigida al bebé (el niño come lo que hay en la mesa, no hay que cocinar ni moler nada en especial). No existen estudios que revelen la mejor forma de iniciar la suplementación, por lo que los pediatras lo dejan en manos de los padres.

“El bebé mastica en base a la fuerza de las encías. No puede cortar, pero puede aplastar. El rechazo por parte del bebé puede ser interesante porque fomentamos el desarrollo y la autonomía del bebé, y además, como come en la mesa con su familia, este momento es invaluable para la crianza”, explica la doc. Y añade el don de la «responsabilidad compartida»: el niño come según su apetito y saciedad.

El coronel, sin embargo, aclara que se trata de «una buena sugerencia siempre que los niños coman bien y estén desnutridos». También debes tener cuidado con el riesgo de asfixia: debes evitar alimentos duros y pequeños, como nueces, manzanas o zanahorias. Mejor verduras al vapor o frutas más blandas cortadas en palitos, como peras, plátanos o mangos.

Los límites del chupete

Para empezar, los pediatras recomiendan evitar en lo posible los chupetes. En primer lugar, cuando la lactancia está instaurada y el bebé está buscando mamar, la posición adecuada… Asso advierte que la implantación de un chupete o chupete puede crear “confusión”: del tipo”.

En cualquier caso, si se usa, los pediatras piden que sea “a una hora determinada”, como para relajarse cuando se duerme. «Pero hay que establecer límites porque pueden tener mordidas y arcos abiertos, y eso casi seguramente será sinónimo de ortodoncia», dice Asso.

El recién nacido pasa el día dormido. Apenas se despierta para comer y trata a los demás llorando. Pero con el paso de los meses su contacto con el entorno aumenta y pasa de una pequeña sonrisa mimética -cuando está cómodo o satisfecho- en el primer mes de vida a prestar atención a las voces, charlar, jugar y querer hablar e interactuar con otros.

Entre los seis y los 12 meses, es un experto en comunicación no verbal: entiende con gestos, muestra sus preferencias y expresa sus emociones. Le encanta jugar y comienza a darse cuenta de que los juguetes aún existen aunque no los vea.

Poco a poco se vuelve curioso, se interesa por cosas nuevas y comienza a desarrollar su carácter y personalidad. A medida que avanza hacia los dos años, se vuelve cada vez más independiente y puede abrazar, besar o rechazar a alguien. También provoca ira cuando no consigue lo que quiere. Se reconoce en el espejo, empieza a tomar conciencia de sí mismo como otra persona. E imita las acciones de un adulto y le atrae jugar con otros niños.

Fomentar el desarrollo del cerebro de un niño, junto con el juego, la atención y el cuidado, también ayuda a desarrollar habilidades sociales clave para comunicarse con el mundo.

¿Es bueno el colecho?

Dormir juntos, es decir, dormir en la misma cama, es una práctica controvertida: por un lado, facilita la lactancia, pero también es un factor de riesgo para la muerte súbita de un recién nacido. Si optas por esta modalidad, advierten los pediatras, debes seguir algunas recomendaciones para hacerlo bien.

En el puerperio, por ejemplo, cuando la madre está cansada y agotada, el riesgo de aplastamiento si se practica el colecho es mayor. “Pero dormir juntos facilita el vínculo y la lactancia”, admite Victoria Fernández de la Rúa, de la Asociación Española de Pediatras. El contacto continuo favorece el desarrollo de las relaciones afectivas, el bienestar del bebé y el desarrollo neuronal, afirma la AEP, aunque reconoce que la forma más segura de dormir para los menores de seis meses es en la cuna, boca arriba y cerca de la cama. de los padres.

Dormir juntos afecta la lactancia materna, que es un factor protector frente a la muerte súbita de un recién nacido. Pero, a su vez, dormir juntos es, en sí mismo, un elemento de riesgo para este tipo de muerte, por lo que los pediatras no recomiendan esta práctica en menores de tres meses, en bebés prematuros o con bajo peso al nacer, si los padres consumen tabaco. , alcohol, otras drogas o sedantes, o en situaciones de fatiga extrema. Tampoco recomiendan dormir juntos en superficies blandas (como colchones de agua o sofás).

Pantallas: cuánto, cómo, qué contenidos

Sin pantalla Si es posible, nunca hace dos años. Esa es la respuesta categórica del pediatra. “Los niños no deben ser calmados o entretenidos para comer. Las pantallas interfieren en el sueño, favorecen el sedentarismo y la obesidad”, advierte Fernández de la Rúa.

Asso va un paso más allá y advierte que también interfieren en la relación entre padres e hijos: “Cuando estás en el móvil, interfiere en tu vida y en tu relación con los demás. Las pantallas nos pueden secuestrar”. En concreto, poner una pantalla delante del niño para que coma incita “al niño a comer sin ser consciente de que está comiendo y esto puede motivarle a saltarse los indicadores de apetito y saciedad porque come automáticamente”.

¿Dejar llorar al bebé o no?

Los niños pueden llorar de una a tres horas al día durante los primeros tres meses de vida, sin patología significativa. Es una forma de comunicar tus necesidades. Lloran porque tienen frío, hambre, calor, porque se sienten solos o simplemente porque quieren jugar.

Los pediatras piden «sentido común» a la hora de afrontar esta situación. Primero hay que descartar problemas de salud, algunas molestias y molestias. Y si nada de eso, hay que intentar consolarlo y romper la espiral del llanto cambiando de lugar, mirando por la ventana o iniciando un juego, por ejemplo. «Cuando un niño llora, llama por necesidad. Ir debe ir. Entonces la decisión de si consolarlo llevándolo o no dependerá de cada caso”, dice Asso.

Los pediatras llaman a la cautela y siempre nos recuerdan que cada niño es diferente y tiene un ritmo de desarrollo especial. Las comparaciones, con hermanos en casa o con amigos en el parque, valen poco, insisten. De hecho, más allá de la percepción personal de los padres o de las opiniones de otros compañeros, los profesionales monitorean el desarrollo psicomotor de los niños a través de escalas validadas científicamente, como la escala Haizea-Llevant, una tabla de desarrollo que calcula parámetros de sociabilidad, manipulación, lenguaje y postura. mes a mes.

Estos indicadores sirven de referencia para entender la evolución del niño. Por ejemplo, el 50% de los bebés de dos meses reconoce el biberón, ya los cuatro meses y medio el 95% ya está realizando esta acción. Además, el 95% de los niños en el octavo mes comen una galleta o buscan objetos caídos. Libra también tiene claras señales de advertencia, como el hecho de que un niño no sea capaz de desarrollar el juego simbólico después de los dos años de edad.

Señales de advertencia durante el desarrollo.

Aumento anormal del tono muscular

Señales de advertencia durante el desarrollo.

Aumento anormal del tono muscular

Fuentes: Asociación Española de Pediatría, Asociación Española de Odontopediatría, Asociación Andaluza de Atención Primaria de Pediatría, Sociedad Española de Neurología Pediátrica, Sociedad Española de Pediatría Primaria Ambulatoria, Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña, Organización Mundial de la Salud.

¿Qué factores han incrementado en el sobrepeso y la obesidad en la población infantil durante los últimos años?

Los factores que provocan el sobrepeso y la obesidad se relacionan con el consumo excesivo de alimentos procesados ​​con alto contenido de sodio, azúcar, calorías y grasas, así como con la falta de actividad física (9).

¿Qué sucede dentro de los primeros 1000 días de desarrollo de un niño?

La inteligencia se desarrollará, formará hábitos alimenticios permanentes y definirá la salud nutricional de un niño, y una buena alimentación en estos ‘mil días críticos’ será un seguro de salud para su vida futura.

¿Qué es la estrategia de los 1000 días?

Un futuro mejor nace en la primera infancia, son esos 1000 días de toda la vida. La campaña, lanzada en 2016, tuvo como objetivo sensibilizar a madres, padres y adultos responsables del cuidado de los niños sobre cómo la primera infancia es crucial para el resto de la vida.

¿Por qué se necesita la educación alimentaria y nutricional en las primeras etapas de crecimiento y desarrollo?

La nutrición en los primeros 1.000 días de vida es clave fundamental para una vida futura saludable, debido a que este subgrupo de la población es propenso a desequilibrios y carencias nutricionales. Una nutrición adecuada es vital para mantener un crecimiento y desarrollo adecuados.