En este momento estás viendo Juguetes educativos en Cuba: un mercado viable y en crecimiento

Juguetes educativos en Cuba: un mercado viable y en crecimiento

La sede del proyecto Tragaluz es una casona pintada de blanco, ubicada en el municipio habanero de Playa, que sirve a los más variados propósitos. Es miércoles ya las 10 de la mañana llegarán los alumnos de la Escuela de Fotografía Creativa de La Habana (EFCH) para recibir hoy su clase. Desde las nueve de la mañana se puede ver a algunas madres sentadas en el murete del portal o de pie detrás de una ventana, observando lo que hacen adentro sus hijos de poco más de un año.

Al otro lado de la ventana hay una habitación con estantes llenos de juguetes. Unos de madera, otros de plástico, fieltro, tela, telas…

Ana Mae Inda es la creadora de este espacio, al que llama Ludoteca. Sin embargo, cuando invita a alguien a pasar, no está hablando de una sala de juegos, sino de un taller. Crees que encontrarás niños un poco mayores sentados en mesas pequeñas, recibiendo una clase, pero llegas y te encuentras con un puñado de bebés que apenas dicen mamá pero que ya saben jugar.

Ahí está la clave. Una niña pequeña mueve una celda cilíndrica de madera, con la que puede practicar el agarre de mano completa y al mismo tiempo hacer «la pinza» -agarrar con pocos dedos estirados- metiendo los dedos entre las barras, lo que ayuda a potenciar el desarrollo propio del motor de aquella época.

Otro extrae pequeños cuadrados y círculos que se sujetan a una base de madera mediante piezas alargadas que los cruzan. Luego los vuelve a colocar y así mejora su agarre, su concentración —mientras se esfuerza por volver a meter el trozo largo por el agujero— y poco a poco irá aprendiendo la asociación, a medida que comienza a relacionar cuadrados con cuadrados y círculos con círculos.

Así, la Ludoteca convierte el tiempo de juego en un espacio de desarrollo y los juguetes en las herramientas que lo hacen posible, para lo que fueron diseñados y fabricados.

Algunas son creaciones de la propia Mae para su empresa El Mundo de Amalia, pero la Ludoteca tiene piezas de al menos otras diez empresas cubanas que fabrican juguetes educativos. Y ni siquiera son todos. La experiencia necesita sumar piezas de otros proyectos que han surgido en este sector, especialmente desde el período de la pandemia en Cuba. La figura jurídica que los ampara es la del Artesano, que se otorga a quienes “hacen, producen, reparan y comercializan artículos, accesorios y prendas confeccionados (…) transformando materias no preciosas”.

Cuarto de jugar. Foto: Cortesía de los entrevistados.

La cuarentena y el atraso en el aprendizaje

La cuarentena y el atraso en el aprendizaje

Yarelys Herrera es microbióloga, pero hace unos años, mientras estudiaba una maestría en Rusia, enseñaba español a niños mayores de un año y tuvo que enterarse de los métodos educativos que se usaban donde trabajaba.

Luego, de regreso en Cuba, tuvo su propia hijita y con ella adaptó los conocimientos adquiridos y leyó nuevos libros y artículos sobre aprendizaje y educación.

Durante 2020, en pleno período de cuarentena, surgieron muchos grupos en las redes sociales según los gustos o necesidades comunes de los usuarios para enfrentar la falta de interacción social que obligó el confinamiento.

Yarelys comenzó a administrar uno de estos grupos. Lo llamó Baby Capable y, a través de este espacio, compartió con otros padres actividades que estimulan el desarrollo de los niños desde el hogar.

Entonces se le ocurrió hacer unos juguetes para su pequeña y contó con la ayuda de Daniel Hernández, su esposo, quien es matemático, pero disfruta de las manualidades y el trabajo manual.

No eran cualquier tipo de juguetes. Los primeros, recuerda, fueron rompecabezas y una luna de equilibrio, cuya idea es que el niño retire y reposicione piezas de una base semicircular, haciendo que el peso la mantenga equilibrada. En otras palabras, eran juguetes diseñados para desarrollar diferentes habilidades en su hija.

Tan pronto como los compartió en Baby Capable, los otros padres los amaron y también querían tenerlos para sus hijos. Así nació el emprendimiento Sovi Toys, liderado por Yarelys y Daniel.

“Con el Covid había muchos problemas con los niños, no solo en Cuba, sino en todo el mundo”, explica Ana Mae, “sobre todo porque sufrían retrasos en el lenguaje por falta de socialización. Muchas madres me escribieron en ese tiempo buscando consejo. que ni siquiera puedes imaginar».

Mae tiene dos hijos: uno de siete años llamado Mauricio y Amalia, de nueve, que nació sin una parte del cromosoma cuatro, lo que le sucede a una de cada 50.000 personas y suele causar retraso en el desarrollo, discapacidad intelectual y rasgos. rasgos faciales dismórficos, entre otros síntomas variables. Desde su nacimiento, y para ayudarla, Mae comenzó a estudiar temas de educación y desarrollo cerebral. Así logró caminar, aunque los expertos habían dicho que su falta de información genética nunca se lo iba a permitir.

Además, antes de la pandemia lideró un proyecto de la Escuela de Fotografía Creativa llamado Arte a la Emoción, que trabajó con niños de la escuela de su hijo para fortalecerlos en temas de inteligencia emocional, que es la pasión de Mae y lo que estudia. hoy a través de una maestría internacional.

Durante la cuarentena, mientras ayudaba a los padres de manera individual o a través de grupos en las redes sociales, conoció a varias empresas que se dedicaban a la producción de juguetes, entre ellas Sovi, y notó que era un campo en desarrollo que ella conocía y en el que venía incursionando. haciendo juguetes para su hija desde hace algún tiempo. Así nació también El Mundo de Amalia.

Todos los beneficios son para los niños

Todos los beneficios son para los niños

“Lo principal que me hizo elegir estos productos es que no hay muchas opciones para comprar juguetes para bebés. Sobre todo porque suelen ser muy caros. En las tiendas en moneda nacional no hay posibilidades y en MLC (moneda libremente convertible) los precios son bastante altos”, dice Danae Ricardo, madre de una niña de cinco meses que ha comprado varios de los juguetes a empresas cubanas.

Aunque su razón principal fue la escasez, no se arrepiente. “Le compré un mordedor, unos discos para los dedos y un sonajero, y los tres han sido muy útiles. He notado que desde que tiene estos juguetes ha desarrollado más fuerza en las manos y fuerza de agarre”, dice.

Desde finales de 2018, Cuba vive una crisis de desabastecimiento que alcanzó su punto máximo con la pandemia. Esto, sumado al Sistema Monetario instaurado en la economía cubana a partir de enero de 2021, ha provocado escasez e inflación en prácticamente todos los sectores del mercado, y los juguetes no escapan a este escenario.

«Ha hecho casi imposible adquirir juguetes en las tiendas. Cuando sacan uno enseguida lo compran para revenderlo a precios carísimos”, explica Daniel Hernández, de Sovi Toys. Además, son de plástico. Si al niño se le cae se rompen. Los que fabrican varios empresarios, por lo general. , son de madera u otros materiales resistentes, tienen calidad y dan solución a la necesidad actual del mercado.No solo le damos al niño un juguete para entretenerse, sino también una herramienta para desarrollarse.

Mae piensa que, a pesar de la escasez en las tiendas, hay muchos juguetes que se pueden comprar. Coincide Susana Núnez, psicóloga e investigadora del Centro de Neurociencias. Es madre de un niño pequeño y desde hace menos de un año, junto a su esposo Pedro Díaz y su amiga Danay Milá, dirige otra empresa que actualmente produce juguetes educativos en Cuba: Más Mente.

Susana reflexiona sobre el valor añadido de los juguetes más allá de la cantidad y la variedad. “El beneficio de todo esto es que ha iniciado un movimiento que invita a la gente a educar a través del juego”, dice. “Esto aleja a los niños de las pantallas, que pueden causar rasgos muy similares al autismo, y los lleva a un desarrollo temprano y saludable. Todas las ganancias van a los niños».

“Por supuesto”, añade, “también hay que decir que da más trabajo a los padres, porque el niño necesita un adulto que le guíe y no lo pueden dejar estar medio día viendo dibujos animados. ¡Pero es que el niño necesita que el adulto lo guíe! En cualquier caso, así es como funciona. El niño se desarrolla por mediación del adulto. El adulto es quien le enseña el mundo al niño. No hay otra manera».

María Isabel Fernández, que le compró a su pequeña un juego de cartas con figuras para fomentar la construcción de historias, es un claro ejemplo de ello. «Mi niña entendía cuando le hablabas y decías palabras, pero con casi cuatro años le faltaba un lenguaje fluido. Jugando mucho con ella y con estas cartas, inventándose historias, haciéndola intervenir y decir qué les pasa a los personajes o qué tienen que hacer, ha ampliado su vocabulario y enlaza las palabras. Ha mejorado bastante. Todavía falta, pero el progreso es notable.

Ernesto Rubio cuenta que varios juguetes diseñados para asociar figuras por color o forma, también comprados en comercios cubanos, ayudaron a su hijo de cinco años a aprender los colores y las figuras geométricas. “El niño ya tenía cinco años y su educación dependía de nosotros en casa. No sabíamos cuándo la pandemia le iba a permitir tener una educación normal, así que decidimos seguir adelante y los juguetes fueron de gran ayuda. Como era algo que podía ver y manipular, hizo que todo fuera más fácil de arreglar”, explica.

Para asegurarse de que sus juguetes sean bien utilizados y efectivos, Susana los comercializa con una guía exhaustiva en la que especifica para qué rango de edad son y todo lo que se puede hacer con ellos. Antes de venderlos, se esfuerza por conocer las características del niño al que estarán destinados y orienta a los padres para que elijan la mejor opción.

El resto de empresas tienen protocolos más o menos similares. También realizan una labor educativa constante en las redes sociales y organizan o se suman a talleres gratuitos para padres e hijos, como es el caso de la Ludoteca, para fomentar la crianza responsable y el desarrollo de los niños.

Como explica Mae, “esto es más que vender juguetes. Es para que realmente se utilicen bien, para hacer talleres, para educar… y más a los padres que a los niños».

La producción 

La producción 

Además de su vínculo con la EFCH y su trabajo en El Mundo de Amalia, Mae lidera un proyecto llamado Habana es Nombre de Mujer, que reúne y promueve el trabajo de emprendedoras cubanas. Así ha llegado a muchos de los que actualmente venden juguetes educativos y por eso tiene una colección tan amplia en su Ludoteca.

Con un rápido vistazo, se puede apreciar que los materiales de los juguetes varían según la especialidad de cada empresa: algunos son de ganchillo, pero la mayoría son de madera, un material resistente, no dañino y sobre todo más fácil de adquirir y trabajar con. en Cuba que otros como el plástico o el caucho..

“Es un mercado fluctuante que nos limita a todos”, dice Yarelys. “No se puede mantener estable el precio de un juguete por muchos meses, porque de repente sube el tipo de cambio del dólar y con él todo lo demás. Tampoco hay un lugar fijo donde comprar la materia prima”.

En el catálogo de Sovi Toys, sin embargo, puedes encontrar productos que cuestan entre poco más de 100 pesos y hasta 500, dependiendo del grado de dificultad. Aun así, son más baratos que casi cualquiera de los que se revenden en el mercado informal.

Para paliar la escasez de suministros, siempre que pueden trabajan con madera reutilizada. Incluso se aprovechan de los árboles que a veces corta la Empresa Eléctrica y los tiran a las calles.

Para los mordedores y otros juguetes que el niño suele llevarse a la boca, no utilizan ningún tipo de material, sino que compran recortes de madera de mejor calidad a algunos carpinteros.

Otras empresas, como Más Mente, realizan la creación y diseño de sus piezas, pero subcontratan diferentes talleres para el corte de madera y otros trabajos físicos como la estampación. Para ellos, aunque el tema de los materiales no es una preocupación directa, tampoco es fácil.

«El pasado mes de diciembre tuvimos que preparar todo el fin de año para Navidad y, cuando fuimos a la imprenta, nos dijeron que habían tenido que tirar los tóneres de las impresoras. El barco que les trajo la tinta se retrasó y tuvimos que esperar a que llegara. Finalmente llegó en febrero, por lo que enero fue un mes sin producción”, cuenta Pedro Díaz de Más Mente.

A pesar de los problemas con las materias primas y la producción irregular, mantienen sus negocios especializados en juguetes educativos.

En El Mundo de Amalia, por ejemplo, Mae fabrica un juguete nuevo cada 15 días, aunque todos con producciones pequeñas y para distintos rangos de edad.

Si pudieran acceder más fácilmente a los materiales, estas empresas podrían reducir —o al menos dejar de aumentar— sus precios e inundar el mercado cubano con juguetes de calidad, diseñados en su mayoría por madres y padres que buscan ayudar a otros padres y difundir una filosofía de crianza cuyo objetivo es siempre es un mejor desarrollo para los niños.

Las familias han encontrado en estos emprendimientos un espacio de desarrollo para sus hijos. Foto: Pedro Sosa.

Deja una respuesta