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Cómo dormir bien durante el primer año de vida de un bebé

28.05.2022 00:00.

Actualizado: 28/05/2022 01:06

La llegada de un bebé a casa cambia por completo el resto de toda la familia, que se irá adaptando a las necesidades del nuevo miembro. Aunque hay excepciones, es común que un bebé recién nacido se despierte dos o tres veces durante la noche hasta los seis meses. Es entonces cuando muchas familias, ya de vuelta al trabajo y agotadas tras cambiar todas sus rutinas de sueño, consultan al pediatra: ¿Por qué mi hijo no duerme?

El sueño es evolutivo

El sueño es evolutivo

responde María Berrozpe, doctora en biología y una de las investigadoras que más ha estudiado el sueño infantil. Acaba de publicar La ciencia del sueño infantil (Editorial Oberon), un manual práctico que reúne los conocimientos que la neurociencia ofrece a los padres sobre este tema.

María Berrozpe, experta en sueño infantil / FOTOMONTAJE CG

“Tu hijo ha estado durmiendo desde que estaba en el vientre de su madre. A partir de las 24/25 semanas de edad posmenstrual se observaron ciclos de sueño-vigilia”, señala. “Lo que pasa es que el sueño es un proceso evolutivo que cambia a lo largo de nuestra vida, y los bebés no duermen como los adultos”.

La resistencia de los pequeños a dormir solos

La resistencia de los pequeños a dormir solos

Imagen de un bebé en el útero mientras aún tiene el cordón umbilical

“El bebé recién nacido no tiene un ritmo circadiano establecido como nosotros los adultos, y duerme las 24 horas del día por períodos breves que alternan con momentos de vigilia y alimentación”. Este es su biorritmo, que no se corresponde con el de los adultos de la casa, sobre todo tras la finalización de la baja por maternidad y paternidad. “A medida que envejecen, van interiorizando el ritmo circadiano, al tiempo que maduran sus propios relojes internos. Pero este proceso no se da de la noche a la mañana, sino a lo largo de meses”, advierte Berrozpe.

Tratamientos conductistas

Tratamientos conductistas

Otro aspecto incomprendido, ligado al sueño ya una excesiva idealización de la maternidad, es que el bebé parece negarse a dormir solo, en su cuna y sin contacto con su madre. “De hecho, parece que la cuna tiene pinchos”, comenta la experta en sueño infantil, un efecto recurrente en las familias que genera muchas dudas sobre si algo anda mal. «Cada vez que tratamos de poner al bebé dormido en nuestros brazos encima de ella, no tarda mucho en despertarse», dice.

En este sentido, envía un mensaje tranquilizador. Asegura que este fenómeno es perfectamente explicable desde la biología evolutiva. “Nuestros hijos, como los primates-mamíferos que necesitan estar en constante contacto con su madre durante los primeros meses de vida”, dice, “interpretan la soledad de la cuna como un peligro mortal, ya que el cuerpo de su madre no sólo les proporciona nutrición y seguridad, pero también regulación fisiológica y emocional esencial para su correcto desarrollo”. De hecho, se ha demostrado que el contacto piel con piel incluso ayuda a regular la temperatura corporal de los bebés.

El colecho como aliado del descanso

El colecho como aliado del descanso

“Nuestro bebé dormirá perfectamente cuando esté en contacto con nosotros, a nuestro lado o sobre nuestro pecho. Es posible que en ocasiones acepte también las rodillas y los brazos de otra persona cercana (padre, abuela, etc.), pero será muy difícil hacerlo dormir solo, sin contacto humano, durante los primeros meses de vida. dice el médico.

Después de décadas de investigación sobre el sueño infantil, los expertos coinciden en que existe una enorme variabilidad en el momento y la tasa de maduración del sueño en bebés y niños. Esto imposibilita hacer recomendaciones generalizadas, apunta, aunque existe «una constante universal» basada en la observación. Y eso no es una buena noticia para las familias. Berrozpe concluye que existe una «resistencia de los pequeños a dormir solos». “Una obviedad que los profesionales de la salud infantil han intentado superar a lo largo del último siglo, diseñando tratamientos conductuales para obligar a los bebés a no protestar contra esta soledad”, lamenta la autora de The Science of Infant Sleep.

Dormir del tirón

Dormir del tirón

El colecho puede ser un excelente aliado para conseguir un mejor descanso para todos. «Quand une famille prévoit de dormir en famille, en adaptant l’environnement pour le pratiquer en toute sécurité et confortablement, il y a de fortes chances que tout le monde dorme assez bien, du moins dans le contexte de l’allaitement», dit -Él.

«Sin amamantar, las tomas nocturnas se convierten en un verdadero obstáculo para que mamá, papá o los cuidadores principales duerman bien». La creencia popular es que la alimentación con biberón hará que el bebé se sienta más satisfecho y duerma mejor, pero las investigaciones al respecto indican lo contrario. Se ha comprobado que la leche materna se adapta a las noches y contiene sustancias que facilitan la conciliación del sueño del pequeño. “Por eso es muy importante una buena asesoría posparto para que todas las madres lactantes regresen a casa sabiendo amamantar acostadas y conscientes de todas las medidas de seguridad que garanticen noches seguras y cómodas para ellas y sus bebés”, recomienda María Berrozpe.

La «normalidad» en el sueño de los pequeños -y, en consecuencia, también de sus padres- llegará «alrededor de los dos o tres años, cuando los pequeños empezarán a dormir «de repente», lo que significa que durante sus despertares nocturnos son capaces de volverse a dormir por sí mismos”.

¿Ayuda el destete a que no se despierten?

Cuando los bebés duermen juntos desde el nacimiento sin ninguna presión para aprender a dormirse solos, esta «normalización» puede ocurrir antes. “Los niños dormirán solos si así duermen en la cultura que habitan, cuando tienen la madurez para hacerlo y no hay que forzar nada para llegar ahí”, apunta la profesional.

“Mi experiencia personal, y la de muchas familias con las que hemos decidido colecho durante la infancia de nuestros hijos, es que un día piden su habitación, de la misma manera que toman su cuchara para alimentarse o dan unos pasos para caminar sin tomar la mano de alguien”, dice. “Independizarse de la ayuda y presencia de la madre o figura de apego primaria es un proceso que se desarrolla en todos los niveles y forzarlo es tan dañino como entorpecerlo. el niño nos necesita, pero que recorra este camino de separación a su propio ritmo”, confirma Berrozpe.

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